lunes, 9 de octubre de 2017

Los primeros rayos de sol se dejaron ver entre las cortinas raídas que decoraban las ventanas. Algunos, tropezaron con el rostro de Ishamel, quien dormía plácidamente junto su mujer. Aquellos rayos no eran más que una señal de que debía despertarse pronto y partir si no quería tener problemas. Tras fruncir el ceño varias veces y dar un par de vueltas sobre el lecho, se incorporó, despertando a Shira a su lado. -¿Ya te vas?- murmuró la mujer, quien aun no conseguía abrir los ojos por sí misma.
-Es tarde-
-Apenas a salido el sol-
-Lo sé, pero quizá él no, porque seguramente seguirá dormido- gruñó, rascándose la espesa barba que cada vez era más blanquecina que oscura.
-Espera... come algo antes de irte- Shira intentó salir del lecho, pero se vio rápidamente retenida por el brazo de Ishamel.
-Quédate un rato más. Si haces ruido, despertarás a Haim.- Shira dirigió rápidamente su mirada hacia un lado de aquel habitáculo. En un hueco profundo construído en la misma pared, dormía el pequeño con su madre, su verdadera madre. Shira suspiró pesadamente.
-No haré ruido- se soltó del agarre de Ishmael y se puso en pie con tranquilidad. Salió del habitáculo incluso antes que su esposo. Realmente, sabía que nada iba a despertar a Hadassa y su hijo, a no ser que fuese un ruido demasiado evidente. Tras desperezarse un segundo, acudió a la pequeña despensa que tenía la familia a un lado del fogón. De la misma, extrajo una cesta de mimbre lo suficientemente grande como para que su interior fuese pesado. La colocó sobre la mesa en la que comían y sacó de ella un pan ovalado y una cebolla dulce. -El pan es de ayer. Come un trozo y el resto llévatelo-
-Es tarde, Shira- insistió el hombre, que se estaba terminando de preparar para irse.
-Ishmael, por favor.-
-Shira...-
-¿Quieres desfallecer de hambre? ¿Quieres que los soldados de Faraón te traigan arrastras? O peor, ¿Que te dejen allí tirado a la espera de que yo deduzca que no puedes ni tan siquiera andar? ¿Es eso lo que quieres que vea Haim? ¿Que su padre no razona?- gruñó en voz baja, colocando las manos a cada lado de la cintura. Después, bufó. Estaba cansada y acababa de despertar. Desde que nació Haim, todos los días eran iguales, todas las mañanas eran similares. Siempre las mismas discusiones. Siempre igual. Ishamel, tras contemplar los ojos decididos de su esposa unos segundos, suspiró y terminó por ceder. -No te darán latigazos si lo comes por el camino, así no llegarás tarde- añadió. El hombre tomó el pan y la cebolla en silencio tras tomar un saco de tela. Introdujo los alimentos dentro y se lo colgó en el hombro. Shira lo acompañó hasta la puerta, donde pudo contemplar como todos los hombres de las viviendas colindantes ya partían y sus esposas les despedían. Ella no quería ser menos. - Ten cuidado-
-Sé cuidar de mi mismo-
-Tu sólo... tenlo ¿De acuerdo?- volvió a decir, esta vez con un deje preocupado, cruzada de brazos. Quizá aquel gesto ablandó el corazón de Ishmael, quien se inclinó para dar un beso a su mujer. Un beso corto, pero sincero. De esos que Shira apenas sentía últimamente. -Te echaré de menos-
-Cuidaos vosotras también- terminó por decir. El hombre se marchó, junto con la mayoría de los hebreos adultos y no tan adultos que marchaban a la par hacia el mismo lugar. Shira lo observaba, con el corazón encogido, como cada día, como todas las esposas, quienes sentían que algún día... todo iba a acabar mal.

El sol ya estaba en lo alto del cielo, brillando fuerte y despejado de toda nube, cuando Hadassa despertó, y con ella, Haim. El chiquillo, de apenas un año, correteaba por la vivienda lleno de vitalidad y salud, cosa que era agradable de ver, aunque no tanto como sus gritos y exigencias. Era un pequeño malcriado para la corta edad que tenía, pero Shira no le culpaba. Le observó mientras preparaba cerveza ensuciándose ambas manos. La educación no corría de su cargo, ni si quiera del de ella misma, sino del de su prima. La joven mujer se desperezaba conforme corría la cortina que separaba la habitación de la cocina. Tenía un rostro saludable y sus cabellos rizados eran brillantes, tanto, que Shira sintió celos, porque conservaba esa belleza a pesar de que se doblaba a sí misma, como si estuviese cargando un gran peso con ella. Su vientre estaba abultado, pero no tanto como para sentir aquella molestia. Sólo de pensarlo, Shira sintió un pellizco en el corazón. Un pellizco que aun no llegaba a controlar.
-¿Ya se ha ido Ishmael?- preguntó aun anonada.-
-¿Has visto donde está el sol? Hace horas que se marchó-
-No me he dado cuenta... supongo que el embarazo está provocándome demasiado sueño- se quejó, sentándose en la silla.- Al oírla, Shira puso los ojos en blanco aprovechando que estaba de espaldas a ella, trabajando en la cerveza. -¿Me traes pan?-
-Está ahí mismo, Hadassa. Puedes cogerlo tu sola-
-Me cuesta levantarme ¿No me ves?-
-Te veo cada día, prima. Descuida- Para sus adentros, pensó que no le quedaba más remedio que verla. -Pero si te fijas tú, tengo las manos sucias- Tras unos segundos en silencio, Hadassa chasqueó con la lengua y terminó por coger el pan ella misma.
-El niño va a nacer cansado- Shira tragó saliva. Cada vez le costaba mas contener la compostura. -Ishamel me culpará a mi, pero le diré que has sido tú. Se supone que estoy aquí por esto. Tienes que ayudarme con el embarazo-
-Hadassa, cállate... por favor, come en silencio-
-Yo no tengo la culpa de que no puedas comprenderme-
-Hadassa...-
-Si lo hubieses vivido, entenderías lo cansado que es-
-¡Prima, por favor!- esta vez si se volvió para mirarla. Estaba exasperada, cansada de oírla día tras día quejarse de todo y humillarla con esa falta de respeto. -Come en silencio- Hadassa puso mala cara y comió callada un poco de pan. Shira se dio la vuelta para volver a su labor. Sin embargo, sabía que el silencio no era una virtud que Dios le hubiese dado a la joven muchacha. De mientras, Haim comenzó a llorar. Tenía hambre y se lo dejaba ver a su madre con su llanto, pero ésta, parecía no hacerle caso. Estaba tan centrada en sus pensamientos, que ignoraba a su propio hijo.
-Me traíste hasta aquí porque no cumples tu función como mujer. Estoy lejos de mi familia porque estas vacía por dentro. ¿Y que tengo a cambio? Una vida de esclava, comiendo un pan que siempre está seco, y encima, sin contar con la ayuda de quien debería deberme su vida por lo que estoy haciendo-
-¡Hadassa! ¡¡¡Cállate!!!- Shira la miró con ojos furiosos y la mano cargada de mejunje a punto de convertirse en cerveza. Estuvo a punto de tirarselo a la cara, pero consiguió contenerse a pesar de todo. Sin embargo, lo que no pudo contener fue la intensidad del grito. Chilló tanto que Haim se asustó y su llanto se formó aún más intenso.
-Quizá Él te ha castigo por ser tan insolente- Tras lanzar aquella afirmación, se puso en pie sin esfuerzos y salió de la casa, abandonando a su hijo y el pan a medio comer. Shira bajó la mano e intentó controlar su respiración, pues sentía que se le iba a salir el corazón del pecho. Había estado a punto de agredir a su prima, a la madre de los hijos de su marido. ¿Que cara pondría él si la hubiese visto? Qué vergüenza.

Sintió que las manos de Haim tiraban de su vestido. Estaba hambriento y asustado, por lo que Shira lo tomó en sus brazos y tras sentarse en la silla, le colocó sobre su regazo. Aun temblando, despedazó el pan con las manos y se lo fue dando al niño por aquellas zonas donde mas blanda era la miga. Mientras comía, le acarició el pelo. Se parecía mucho a Ishmael y tenía mas bien poco de Hadassa. Los cabellos oscuros y los ojos del color de la noche, hacía que se reflejase como una imagen exacta de su marido, y aun así, no terminaba de sentir a Haim como suyo a pesar de que le quería. Porque no le había parido, porque no había salido de sus entrañas muertas, sino de las de su prima, tan jóvenes como ella. Se le escapó una lágrima rebelde que se derramó por su rostro. ¿Cuanto más podría aguantar?... ¿Cuanto más podría fingir?

Hadassa regresó a la vivienda para almorzar y esta vez sí, se mantuvo en silencio. Se dedicó durante toda la tarde a hacer nada, mientras que Shira solo trabajó en elaborar comida y tener la vivienda servicial para el regreso de Ishamel. Si bien no le esperaban ambas mujeres hasta la caída de la noche, a media tarde, él mismo abrió la puerta del hogar, sobresaltando a su mujer, quien se temió lo peor al verle allí. -¡Ishmael! ¿Que haces aquí? ¿Estas bien?- asustada, se acercó a él. Le despojó del pañuelo que tenía en la cabeza y le examinó concienzudamente. No tenía heridas. Al contrario, él sonreía.
-Los soldados nos han echado del campo-
-¿Echado? ¿Como es posible?- Dadas las voces, Hadassa apareció en la cocina para saber qué ocurría. -¿Que ha pasado?-
-No quieren que los hebreos estropeemos su preciosa fiesta. Sería una ofensa-
-Habla claro ¿Que ocurre?-
-Es luna nueva. Faraón ha elegido esta noche como propicia para adorar a sus falsos dioses. Por lo visto, hará una visita al Nilo y llevaran a cabo sus brujerías y sus malditas mentiras, por lo que tener a esclavos cerca sería algo así como... una imagen horrible-
-¿Entonces?- quiso saber Hadassa
-Tenemos el resto del día libre. Yo y todos.- sonrió con euforia, tomando a Haim y colocándoselo sobre los hombros -Los hombres y yo hablábamos mientras regresábamos de cenar esta noche todos juntos. Hay que dar las gracias por lo que tenemos y aprovechar para orar por lo que vendrá- explicó, dirigiendo la mirada al vientre abultado de Hadassa -¿Que os parece?-
-Bien, pero ¿Donde? ¿Donde nos vamos a reunir? ¿Y si los soldados nos descubren?-
-La casa de Jeziel es la mas grande. Y tranquila, los soldados estarán demasiado ocupados con Faraón- Shira sonrió aliviada. Por alguna razón, la idea le apetecía demasiado. Quería desconectar, pasar la noche sonriendo en compañía de su marido y nada más.
-Entonces... ¿Hay que llevar comida? Claro que sí. He hecho cerveza ¿Servirá?-
-Claro que sí, mujer- Inesperadamente, Ishamel tomó a su mujer de la cintura y se la apegó, gesto que a Shira le gustó. -Esta noche daré las gracias por teneros conmigo y pediré que esta tortura de vida termine pronto... Él nos oirá... Y tendremos la vida que te prometí- Shira sonrió, deseando que eso fuese verdad. -Él nos ayudara... algún día nos ayudará...-

No hay comentarios:

Publicar un comentario